San Francisco resiste la crisis del seguro, pero el sector no queda al margen del ajuste nacional

El Sindicato del Seguro declaró el estado de alerta tras contabilizar 1.600 empleos perdidos en todo el país por el cierre de nueve compañías. En San Francisco, sin embargo, ninguna aseguradora bajó la persiana: la titular local del gremio, Mariela Vaillard, sostiene que las firmas de la ciudad están sólidas, aunque reconoce que la caída del consumo también golpea a la actividad.

El mercado asegurador argentino atraviesa uno de sus momentos más tensos de los últimos años. Según los registros oficiales de la Superintendencia de Seguros de la Nación (SSN), la actividad acumula una pérdida neta de 1.600 puestos de trabajo, consecuencia directa del cierre, la intervención o la quiebra de al menos nueve compañías medianas. Entre las firmas que dejaron de operar figuran Orbis, Caledonia, Escudo, Juncal, Boston y TPC, además del caso de mayor repercusión pública de los últimos meses: la liquidación forzosa de Galeno ART, que a comienzos de este año dejó sin trabajo a más de 400 personas después de que la compañía no lograra cubrir un déficit de capital que superaba los 12.900 millones de pesos.

Frente a ese escenario, el Sindicato del Seguro que conduce Jorge Sola —también al frente de la CGT— resolvió declarar el estado de alerta y movilización, sin descartar medidas de fuerza si las negociaciones con las cámaras empresarias y el Gobierno no prosperan. Desde el gremio insisten en que la sangría de empleo no responde a una reconversión tecnológica de la actividad, sino a las políticas económicas oficiales, que golpean el consumo y, con él, la contratación de pólizas. Para graficar la magnitud de la caída, la organización comparó los 1.600 puestos perdidos con el cierre total de nueve aseguradoras medianas o con la capacidad de tres salas de cine repletas.

En ese contexto nacional, la mirada desde San Francisco ofrece un matiz distinto. Mariela Vaillard, secretaria general de la delegación local del Sindicato del Seguro, remarcó que ninguna de las compañías que desaparecieron o entraron en liquidación tenía presencia en la ciudad, por lo que ningún trabajador sanfrancisqueño perdió su empleo por ese motivo. Según explicó, las aseguradoras que operan en la plaza local atraviesan, por el contrario, un momento de expansión: algunas están mudando de oficinas y otras abriendo nuevas sucursales, un dato que la dirigente destacó como señal de estabilidad para calmar la preocupación del sector en la región.

Vaillard fue cuidadosa, sin embargo, en aclarar que esa fortaleza local no equivale a una desconexión de la crisis general. Explicó que el rubro asegurador comparte las mismas dificultades que atraviesan otras ramas de la economía argentina, y que los 1.600 puestos perdidos en el país corresponden en su mayoría a trabajadores calificados que quedaron desempleados de un día para el otro tras el cierre de sus empresas. Sobre el caso de Galeno, recordó que la compañía no llegó a abonar el sueldo de febrero ni las indemnizaciones correspondientes, motivo por el cual el sindicato debió intervenir para gestionar el cobro a través del Fondo de Indemnización de Entidades en Liquidación (Fidec), el mecanismo previsto para asistir a los empleados cuando una aseguradora cesa su actividad. Según trascendió en distintos medios que siguieron el caso, ese fondo cubre el total de la indemnización pero en dos pagos diferidos, uno a los tres meses y otro recién a partir del sexto mes, un esquema que generó malestar entre los trabajadores afectados.

La dirigente sanfrancisqueña también apuntó al deterioro del poder adquisitivo como uno de los factores centrales detrás de la crisis del sector: al perder ingresos, buena parte de la población prioriza gastos básicos como la comida y el alquiler, y relega la contratación de coberturas de seguro. Consultada por los reclamos empresariales que atribuyen buena parte del problema al aumento de la litigiosidad y al costo de los siniestros —en particular en el sistema de Riesgos del Trabajo—, prefirió no cargar las tintas sobre un único responsable y admitió que, además de los juicios, también podrían existir fallas de gestión dentro de algunas compañías.

Otro de los frentes que atraviesa la actividad es la incorporación de inteligencia artificial y de procesos automatizados, que según Vaillard ya es una realidad imposible de frenar. La referente gremial diferenció, no obstante, entre las empresas que utilizan la tecnología para reemplazar personal y aquellas que optan por reubicar a los trabajadores en otras funciones, y remarcó que el propio sindicato impulsa capacitaciones para que los empleados puedan reconvertirse hacia las nuevas competencias que exige el mercado.

Desde la conducción nacional del gremio, en cambio, el diagnóstico sobre el rol de la tecnología es más crítico. Sola rechazó de manera directa el argumento empresarial que vincula los despidos con la digitalización y sostuvo que la verdadera causa está en la reforma laboral impulsada por el Gobierno, a la que acusa de debilitar los convenios colectivos y flexibilizar las condiciones de trabajo. El sindicato también denunció un desfinanciamiento de las obras sociales del sector en favor de las empresas de medicina prepaga, y advirtió, a través de un comunicado, que modernizar no puede confundirse con destruir empleo: si el resultado es menos trabajo, no hay modernización posible, sino un retroceso.