El desembarco de las marcas asiáticas ya representa el 9% de los patentamientos del primer semestre en Argentina. Un caso puntual con un Haval H6 sin llantas de repuesto reavivó el debate sobre la disponibilidad de piezas, pero desde el sector asegurador y las propias importadoras aseguran que la cobertura no está en riesgo.
El crecimiento de los fabricantes chinos en el mercado argentino es cada vez más difícil de ignorar: según datos del sector, ya explican el 9% de los vehículos 0 km vendidos durante la primera mitad del año, aunque siete de los diez modelos más elegidos por los compradores siguen siendo de producción nacional. Ese comportamiento no es casual. A lo largo de las últimas décadas, el país atravesó ciclos de apertura y cierre de importaciones que dejaron una marca en la memoria de los consumidores, quienes desconfían de comprar una marca sin trayectoria local por temor a quedarse sin repuestos o sin cobertura de seguro el día de mañana.
Ese fantasma volvió a instalarse en la conversación pública a partir de un episodio concreto: un propietario de una Haval H6 difundió públicamente que no podía circular con su vehículo porque le habían robado las llantas y la marca no contaba con reposición inmediata. Desde la empresa señalaron que el inconveniente ya fue resuelto, pero el hecho sirvió para poner en agenda una pregunta más amplia sobre qué tan preparado está el mercado para sostener en el tiempo unidades que todavía no tienen una red de repuestos consolidada como la de las marcas tradicionales.
Consultados sobre el tema, tanto corredores como compañías de seguros coinciden en que existen demoras puntuales, pero que estas no impiden asegurar con normalidad ningún modelo. Un bróker independiente relató que llegó a registrar una espera de 120 días para conseguir una luneta trasera de una SUV grande de una marca reconocida, aunque aclaró que ese tipo de atrasos también puede darse con autos importados de marcas generalistas y no es exclusivo de los fabricantes asiáticos. Desde una aseguradora que trabaja con vehículos chinos explicaron que las piezas con mayores demoras suelen ser las llantas, las ópticas y los cristales, y que ante la imposibilidad de conseguir un repuesto la compañía contempla directamente indemnizar al asegurado. Los sensores y componentes electrónicos, agregaron, también tuvieron algún faltante, pero al sufrir menos roturas los casos fueron mucho más acotados.
Dentro de ese universo de piezas sensibles hay dos que concentran la mayor exposición. Por un lado, las llantas, que a diferencia de los neumáticos —fabricados bajo medidas estándar internacionales y disponibles en múltiples marcas— se producen a medida de cada modelo y son un blanco frecuente del robo en la vía pública. Por otro, el kit de reparación de neumáticos que muchos vehículos incorporan en reemplazo de la rueda de auxilio, una tendencia que se profundiza en los híbridos y eléctricos, donde buena parte del espacio trasero queda ocupado por la batería. Esa combinación llevó a que algunos usuarios que quisieron comprar una quinta rueda por su cuenta no consiguieran disponibilidad en ciertas marcas.
Desde la industria de autopartes ofrecen una explicación estructural al fenómeno: sobre un parque total de unos 16 millones de vehículos circulando en el país, el segmento de marcas chinas todavía es demasiado chico como para que los fabricantes locales de repuestos decidan invertir en producir o importar esas piezas a gran escala. Frente a ese diagnóstico, importadores de marcas asiáticas remarcan que ya cuentan con esquemas propios para no depender de esa maduración del mercado local: uno de ellos aseguró disponer de una provisión completa de repuestos y, ante la eventual falta de alguna pieza, un circuito que permite traerla por vía aérea en apenas diez días, sin dejar unidades paradas en el proceso.
En paralelo, varias automotrices de origen chino avanzan en estrategias para reforzar esa confianza: la construcción de depósitos locales que agilicen las entregas, acuerdos con proveedores nacionales para fabricar determinadas piezas dentro del país y garantías que en algunos casos superan el promedio del mercado. La apuesta, coinciden desde el sector, es despejar antes de tiempo las dudas que todavía persisten entre los compradores argentinos frente a un segmento que crece a paso firme pero que aún necesita consolidar su infraestructura de posventa.



