En el Área Metropolitana, el precio de asegurar un vehículo subió con fuerza en el último año. Aseguradoras y especialistas coinciden en que la combinación de temporales con granizo, calles anegadas y la alta tasa de robos en algunos barrios obliga a recalcular riesgos y, en consecuencia, las cuotas que pagan los conductores. La diferencia de valores entre zonas puede superar el 100%.
En Buenos Aires, tener el auto asegurado se volvió un gasto cada vez más difícil de afrontar. Durante los últimos meses, los siniestros vinculados a fenómenos climáticos extremos y al delito automotor se multiplicaron y ese combo empezó a sentirse en las pólizas. No se trata solo de un aumento general por inflación: las compañías están trasladando a las cuotas el costo de reparar daños que antes eran excepcionales y ahora se repiten con más frecuencia.
El granizo es uno de los protagonistas. Las tormentas con piedras de gran tamaño que cayeron sobre la Ciudad y el Conurbano dejaron cientos de vehículos con abolladuras en techos, capots y lunetas. Reparar esos daños, explican en el sector, implica un desembolso alto para las aseguradoras. Por eso, la cobertura por granizo, que años atrás era un adicional poco frecuente, hoy está presente en casi todas las pólizas de terceros completo y todo riesgo, pero con un costo extra que encarece la cuota mensual.
Las inundaciones siguen el mismo camino. Cuando el agua supera la línea del tablero, el vehículo suele declararse como destrucción total y la compañía debe indemnizar al asegurado por el valor de la suma asegurada. En los casos en que el daño es parcial, la cobertura depende de la letra chica: algunos contratos cubren hasta el valor total del auto, otros ponen un tope y otros directamente no incluyen el riesgo de agua. Tras las lluvias intensas que dejaron calles anegadas en varios municipios, los reclamos por motores y cajas afectados por el agua se dispararon y obligaron a revisar las primas.
El tercer factor que presiona es el robo. El AMBA concentra la mayor cantidad de sustracciones de vehículos del país y esa siniestralidad se refleja directamente en el precio. Según un relevamiento de mercado, La Matanza registra el promedio más alto de la provincia, con $137.719, mientras que General San Martín tiene el más bajo, con $60.634: una brecha del 127%. En la Ciudad, La Boca lidera el ranking de los seguros más caros y Puerto Madero, el de los más baratos. “El costo del seguro en el AMBA está directamente relacionado con la siniestralidad, la tasa de robos, la densidad del tránsito y la disponibilidad de estacionamiento seguro”, detalló el informe.
Frente a este escenario, los usuarios revisan qué tipo de cobertura tienen. Los planes básicos de responsabilidad civil no responden por granizo, temporales ni inundaciones. Recién a partir de un terceros completo aparecen adicionales para piedra o agua, aunque con condiciones variables según la compañía. El seguro contra todo riesgo es el único que contempla daños parciales por cualquier causa, pero funciona con franquicia: el asegurado asume una parte del arreglo.
Para iniciar un reclamo, las aseguradoras piden denunciar el siniestro dentro de las 72 horas, aunque en eventos declarados como catástrofe suelen flexibilizar ese plazo. El paso siguiente es la inspección de un perito, que determina si el daño corresponde efectivamente al fenómeno climático y si el vehículo se repara o se declara destrucción total. En el caso de cristales y lunetas, muchas pólizas los cubren incluso en planes que no contemplan granizo, siempre que el adicional esté actualizado.
El resultado de esta combinación es una brecha creciente entre regiones. Mientras Tierra del Fuego, La Pampa y Chubut tienen los promedios más bajos del país, el AMBA, Córdoba y Santa Fe encabezan los más altos. Incluso dentro de la Ciudad, los barrios más caros superan en más de un 69% al promedio nacional de $65.193, y los más económicos están entre 40% y 45% por encima.
Las compañías insisten en que la actualización de las sumas aseguradas es clave: si el valor de la póliza no acompaña el precio del auto y de los repuestos, no alcanza para cubrir el daño. Por eso, cada vez que se renueva el contrato, el asegurado se encuentra con una cuota más alta. El clima cambió, la inseguridad no cede y el seguro, como termómetro del riesgo, lo refleja en la factura de cada mes.






